En el siglo XIX, una joven niña nativa llamada Fueguia Basket fue raptada de su hogar en Tierra de Fuego por un comandante británico, y luego rechazada por su familia a su regreso, así lo cuenta la historia. Este relato, como símbolo de los efectos del imperialismo en Sudamérica, inspiró a Julian Bedel a crear su marca Fueguia 1833, un nombre que ahora encierra el místico ser de las esencias herbales y sus fragancias. 

 Inspirado en las tradiciones nativas sobre las hierbas y sus usos metafísicos, William Bedel toma una variedad de más de cien plantas aromáticas, nativas de Sudamérica y cultivadas en Uruguay, y las mezcla de forma perfecta en los talleres de Fueguia 1822 en Milán. Su falta de entrenamiento formal en la perfumería, aunada a las características únicas de cada planta y cosecha, aseguran una fragancia irrepetible. Aún más, con una producción limitada a sólo 400 botellas por lote, cada aroma es único para cada cliente. 

Originada en las expediciones de Julian en la Patagonia, y rescatando los antiguos orígenes de la herbolaria, Fueguia 1833 es un acercamiento innovador a la perfumería y los aromas, un elegante y delicado balance de fragancia que trasciende el origen y el destino.

Fotos: cortesía.



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